La Taberna de Picalagartos
A la primera, invita la casaA la primera, invita la casa
Yo sé muy pocas cosas, es verdad. Sin embargo, cada día, hago propia la leyenda que reza en el emblema de la Universidad de Huelva: “sapere aude”, de ahí mi ignorancia.
Aviso, éste artículo no es para neófitos.
Yo sé muy pocas cosas -como León Felipe- “pero me he dormido con todos los cuentos; así, que sé todos los cuentos”.
Ésta es mi dedicatoria a los que no entendieron el aviso; los lleva y trae, los analfabetos de carne y de espíritu, los borregos, los cuenteros. Todos los pobres hombres- y me jacto de conocer alguno- que por no tener, no tienen iniciativa, ni pensamiento, ni amor propio; es más, no tienen vida. Porque para vivirla necesitan de otros.
Eso sí, para difamar se bastan ellos solos, como “ Don latino y la vieja pintada” se perdían entre cuchicheos por el jardín de la Armida, su coartada; un poeta ciego. La de estos, uno que iba muy ciego pero no era poeta.
Sé de sombras que necesitan de una luz para caminar, y de luces que necesitan de sombras para existir.
Sé muy pocas cosas, pero hace tiempo aprendí de Borges que hay que tener mucho cuidado cuando te quieren mal, y nacen los enemigos; porque con el tiempo terminas pareciéndote a ellos.
Sé muy pocas cosas, es verdad, pero te invito a ésta taberna, que está como la dejó Valle- Inclán en la tercera escena de Luces de Bohemia: “Luz de acetileno, mostrador de Cinc, y zaguán oscuro con mesas y banquillos”.
Todo intacto, sólo esperando el talento; aquel, que cualquier borracho de antaño desperdiciaba en cada pesetero, y hoy, nos quieren vender los dueños de los ayuntamientos, diputaciones y ¡ríete Currito!, los técnicos de cultura. “Cráneo previlegiado”.
Recuerda, ésta invitación es exclusiva, pasa, no te quedes en la puerta, que a la primera invita la casa. Porque ésta taberna abre sus puertas sólo para ti.
Conocerás gente, podrás decir todo lo que te venga en gana, escuchar a quien te interese, irte cuando gustes y volver cuando quieras; tu mesa siempre estará reservada.
Sé muy pocas cosas, es verdad, pero no estoy de acuerdo con Calderón de Barca, cuando pone en boca de Segismundo, la célebre frase :“Los sueños, sueños son”.
No, a veces los sueños se hacen realidad; ya está la taberna abierta.
Pasa, no te quedes en la puerta; que por muy raro que te parezca, aquí, los hay peores que tú. Ya lo dijo Mariano Rodríguez de Rivas: “Lo malo de decir lo que uno siente, es que a veces, siente uno haberlo dicho”.
Ya está hecho, te tildarán de todo, pero pásate por “picalagartos”, y al menos; serás libre. Atentamente, el tabernero.
-¡Cráneo previlegiado!
Gracias, ¡niño, échale otra copita a Zacarías!
Fernando J. Lepe García
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