La Taberna de Picalagartos
PLATEROPLATERO
La primera vez que supe de tí, fue por las letras.
Cuando, al igual que el poeta que te hizo inmortal, yo era también como "el niñodios", que al igual que Novails, vivía su propia edad de oro, y cada tiempo, se sumergía en el universo de palabras que dibujaban tus huellas por la ciudad "dos veces leal".
Esquina a esquina, oscuridad a claridad y página a página, aprendí a conocerte, a respetarte. A reconocer desde la distancia el brillo oscuro de tus espejos de azabache.
A desear ver - con ojos de niño- cosas de dioses; un atardecer en Montemayor, ése pacto entre sol y luna que dibuja en el cielo el embrujo malva de un soneto perfecto.
Gracias a tí, fueron muchas las veces que miré a través de la caja mágica del Tío de las Vistas, que corrí tras mariposas blancas, que me perdí en el aljibe, que mis sentidos se inundaron del aroma de las rosas amarillas, y que al llegar de nuevo a Moguer, con el primer esbozo de luna, sabía que su torre era como una giralda vista de lejos. Gracias a tí, supe que las moras de Aguedilla la Loca eran reales. Tan reales como la calle del Sol...
Así crecí en la literatura, con el aroma del pino y el estero y, el imborrable recuerdo de aquellas tardes en Fuentepiña; cuando de la mano de un animal de fondo -bendito loco-, aprendí que las letras también tienen sentimientos. Yo entonces Platero, tenía el alma pura, y tú, ya eras inmortal.
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