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CUANDO ÉRAMOS SOLDADOS

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Cuando éramos soldados de metro cincuenta, chalecos de lana, flequillo largo - ahogado en colonia de litro-, y pantalón con rodilleras, la calle de mis amores todavía era blanca.

 

" A mi amiga Rosalía"

 

Cuando éramos soldados de metro cincuenta, chalecos de lana, flequillo largo - ahogado en colonia de litro-, y pantalón con rodilleras, la calle de mis amores todavía era blanca.Aún el malpesa no le había comido terreno a la cal, y alguna que otra mula, con su andar cadencioso y el mágico acorde de sus cascos sobre los adoquines, nos obligaba a detener nuestra “batalla” mientras asistíamos al ritual del esparto; cuando la casa se abría de par en par, y por ella cruzaba la bestia caminito de la cuadra.

Cuando éramos soldados, la navidad tenía menos luces. Los belenes eran nacimientos, y el papel “albal”; corriente de todos los ríos. Nada sabíamos de un gordo con barba, vestido de rojo que viajaba en trineo. Nos daba igual, al fin y al cabo, ninguno teníamos chimenea….

Nuestro regalo de  Navidad era la calle; la que no tiene principio. La calle blanca de nuestra niñez, por la que el  tímido sol del invierno jugaba – como nosotros- al escondite por sus hechuras. La calle era nuestro campo de batalla, y nosotros, disciplinados soldados entregados a cada juego. Disciplinado tercio infantil, que a pesar de diciembre y sus fríos, aceleraba el pulso al ritmo de bombos de detergente.

La calle… escuela lúdica con adoquines, donde los coches servían de porterías, los balcones de canastas de baloncesto, y la ventana de los “rati”, de improvisado anclaje para el borriquillo manso. ¡Cuántos “bollos” en la frente!

Cuando éramos soldados, el rancho de la merienda consistía en un “pepito” y dos onzas de “elgorriaga”. Demasiado pan, para tan poco chocolate; delicioso manjar para las cabras de Rosalía “la cané”. El pan era mucho, y la tapia muy baja.

Eran tiempos en los que las distancias eran largas, la necesidad mucha, y los medios muy pocos. Pero éramos felices, porque la diversión y los amigos estaban cerca; al otro lado de la puerta, en la calle.

La carta a los Magos de Oriente,  siempre estaba sometida a las exigencias del guión, y nunca llegó el escalestrix, tampoco nos importó.  Aún sabiendo- como sabíamos- que los reyes eran los padres, nos conformábamos con lo que había. Y ahora, con el paso de los años,  veo a “los reyes” cada vez más magos: por regalarnos lo mejor que se  puede regalar a un niño, su infancia. Eso sí, endulzada con el aroma del horno de “Juan Pilar”.

Cuando éramos soldados, las niñas eran enfermeras de falda a cuadros y leotardos, y al anochecer, después de cada batalla, jurábamos amores inmortales; que en muchos casos, siguen tatuados en los umbrales. Como nuestra infancia, grabada en las cales de una calle que no tiene principio: sólo las cuatro letras que forman su Cabo.

 

  Fernando Lepe

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chef fonsi
CUANDO ÉRAMOS SOLDADOS
Jun 20 2010 19:01:39
** This thread discusses the content article: CUANDO ÉRAMOS SOLDADOS **

Killo, eres todo un poeta, pero decirte que yo tambien me siento identificado, con tu narrativa, un abrazo, desde Almonte.
#21949

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